martes, 21 de junio de 2011

13.- Un parentesis. Sigmund Freud.

Freud intentó abordar los fenómenos de multitud desde el punto de vista del inconsciente, pero no vio claro, no veía que el propio inconsciente era fundamentalmente una multitud. Miope y sordo, Freud confundía las multitudes con una persona. Los esquizofrénicos, por el contrario, tienen una mirada y un oído muy finos.
Gilles Deleuze / Félix Guattari. Mil mesetas

Lo post- no significa un movimiento de come-back o flashback sino un proceso a manera de ana, un proceso de análisis, anamnesis, anagogía y de anamorfosis, que elabora un olvido inicial.
JF Lyotard. La posmodernidad -explicada a los niños-.



Con lo que encontré de Ballard vi necesario hablar de Freud. Un buen argumento es que uno de los autores que más uso en mis clases, Hal Foster, señala que, suponiendo que a uno le interese entender de manera más completa la estética contemporánea, se necesitan revisar al menos 3 de las propuestas teóricas más representativas del siglo XX: el psicoanálisis, el marxismo (entendido como una historia social del arte) y el estructuralismo (en sus 2 vertientes: la semiología y la semiótica). Al mismo tiempo, dichas corrientes -entendidas como reflejo de una Modernidad en crisis- pueden contrastarse con las teorías posmodernas y con ello establecer vínculos entre la estética contemporánea y los estudios culturales.

La idea entonces es, para ir complementando esto, intercalar algunos puntos importantes de dichas teorías y tratar de relacionarlos con los autores revisados. Así que, en lo voy juntando el material del siguiente autor (Philip K. Dick), voy a ir subiendo lo que considero necesario -me queda claro que estoy simplificando demasiado a los autores pero bue..-.


Así que... si partimos -según la propuesta de Freud- de entender a la cultura como el principio represivo al que todos estamos sujetos -principio que se ejemplifica, sintetiza e interioriza en la tragedia de Edipo, condición que cada uno de nosotros arrastra y que, en el mejor de los casos, tendría que superar- podemos ubicar más fácilmente ciertos nexos entre una personalidad neurótica y un pensamiento primitivo (o infantil), preocupado por atribuir a otros la responsabilidad de sus propias inquietudes.

De esta forma, si el pensamiento moderno planteaba a un individuo capaz de producir e interactuar de manera racional con su entorno, Freud cuestiona dicho ideal y plantea a dicho sujeto -y, con él, a todo grupo social- como incapaz de abarcar al 100% su propia mente, regido además por 2 orientaciones básicas: el placer (donde el más acabado sería el sexual) y el deseo de destrucción (que en su nivel consciente deriva en la culpa y el deseo de castigo).

Así, si suponemos sana la intención de darle un sentido satisfactorio a la vida, creo que podríamos entender como sano a la quien resulta capaz de interactuar de manera activa con su entorno, con todas las angustias que éste pueda ocasionar -el miedo a la muerte, a la enfermedad, etc.-. Es entonces que se generan ciertas formas que nos ayudan en este objetivo:

  • La religión. Que al garantizarnos una salvación eterna -pero sólo a futuro, claro-, nos libera de la responsabilidad de nuestros actos: sólo resta obedecer al ideal.
  • El amor. Como la idealización de un espacio de seguridad ante lo caótico que resulta todo a nuestro alrededor pero que -parece- sólo es resultado de la idealización de uno mismo.
  • Las drogas. Cuyo inconveniente es obvio: paralizan la capacidad creativa del sujeto cancelando toda posible interacción sana.


Al mismo tiempo, el desarrollo social presenta -al menos- 3 esferas que permiten dicha interacción "sana" -o, por lo menos, menos frustrante para cada uno de nosotros-:

  • La religión. Entiendo que su problema es idealizar un pasado mítico y, con ello, negarle toda posibilidad a la imaginación dándole a la realidad un aspecto nostálgico.
  • La ciencia. Marcada por la necesidad de ordenar el entorno, volviéndolo aceptable e "higiénico" pero, con ello, evitando nuestro nivel más irracional.
  • El arte. Donde, partiendo de reconocer la complejidad externa, el individuo decide asumirla y reelaborarla según su propia visión generando con su obra un dialogo más o menos abierto.

Obviamente el asunto es mucho más complejo: faltarían -de lo que yo he leído- las relaciones que Freud establece con el humor, la condensación y el desplazamiento, el travestismo y bla, bla, bla. pero 1) supongo que cualquiera medianamente leído ya me estará señalando varios errores con lo ya dicho, y 2) esto sólo es una idea muy básica: las mismas citas van señalando los cuestionamientos a este modelo pero, al mismo tiempo, la necesidad de revisarlos.
En fin...

A quien le interese: un documental donde explican de mucho mejor manera algunas ideas y el contexto de Freud:


Y a los que no, pues más música:



Saludos...

12.- James Graham Ballard -III-

No estoy seguro de tener algo que agregar a lo que todo el mundo ha estado diciendo durante años. Las manecillas del reloj no van ahora hacia ninguna parte. No obstante, aborrezco la nostalgia y, al ser tan serio, el futuro puede resultar aburrido.
James Graham Ballard





















Y bueno, ya para ir concluyendo, otra vez, la música... ¿y quién mejor?




En mi opinión -y aquí me sale lo 80´s-, a los Neubauten les pasa lo mismo que a Ballard: rebasan los géneros y acaban haciendo algo que, ni modo, no queda más que ponerles un título que me fastidia: arte... pero bueno...

Preferí retomar algunos puntos que orientan lo que -según yo- hace de estos autores -considerando los 2 siguientes- un buen pretexto para retomarlos en una clase: entienden su disciplina a partir de reconocer una tradición propia -integrada por sus propios clásicos, autores muy buenos y otros más bien secundarios- tradición a la que plantean una perspectiva tan completa que resulta demasiado personal. Entiendo que aquí es donde su trabajo adquiere un matíz más amplio, político en el sentido de representar un cambio en la forma de acercarse a su disciplina y por lo mismo una transformación social del lenguaje -nomás-.

Mi obra no tiene nada en común con La guerra de las galaxias, ni con Star Trek y tampoco tiene mucho que ver con la ciencia ficción escrita en los Estados Unidos, que ha virado hacia la fantasía escapista. Yo no traigo "buenas noticias" aunque en realidad yo pienso que si.

Así, sin pretensiones moralinas o estéticas, muestra un trabajo que acepta -y reelabora- una cotidianidad bastante ambigua.
¿Se podría pensar en esa clase de escritura -la de Ballard- como una suerte de acupuntura cultural?

No lo sé. No me interesa la idea de la válvula de seguridad, que la visión de unos pocos cristianos devorados por los leones nos haga volver a casa en un estado más feliz. Sin duda creo que debemos sumergirnos en el elemento destructivo y es mucho mejor hacerlo conscientemente que descubrir, de pronto, que nos han tirado a la pileta cuando estábamos desprevenidos.


También me parece interesante que, si por ejemplo Lyotard, señala como un rasgo distintivo de lo posmoderno la necesidad de poner a prueba la doble resistencia de lo ya dicho -y de que las minorías asuman cierto compromiso político implícito en el lenguaje y aquello que éste expresa-, esto termina por "obligar" al sujeto a volverse un actor social. Por eso, siempre me había parecido un ejemplo bastante claro de la posmodernidad un comic como el "Persepolis": la idea del género menor, el registro histórico, el autor como protagonista etc. No en balde, otro chingón como Chris Ware pone a Marjane Satrapi -su creadora- como la mejor historietista actual...



Enlace
Sin embargo, me parece que Ballard supera esta idea desde la ficción:

Considero esa idea posmoderna-de una ficción reflexiva y autoconsciente que reconoce explícitamente la inseparabilidad del autor y el texto-como un agotador cul de sac, del cual cualquier escritor de imaginación intensa o que posea sentido de urgencia moral con respecto a su temática debe escapar con inmenso alivio.


Su forma de integrar dichas narrativas con el evidente impacto de los medios:

¿Qué es lo que pueden hacer Saul Bellow o John Updike que J. Walter Thompson, la agencia de publicidad más grande del mundo y su más grande productor de ficción, no pueda hacer mejor?... Todos los museos importantes del mundo han capitulado ante la influencia de Disney y se han convertido en parques temáticos por derecho propio. Desesperados por todo lo nuevo, pero desilusionados ante cualquier cosa que no sea familiar, colonizamos nuevamente el pasado y el futuro.

La política convertida en espectáculo

El marxismo es una filosofía social para pobres y lo que necesitamos ahora es una filosofía social para los ricos. Para los norteamericanos eso significa Ronald Reagan


Y la necesidad de entender el humor desde una posibilidad un poco más amplía que la que propone la mediocridad de los medios. Y si no me creen, vean la mediocridad que alcanza el orgulloso cine mexicano (aburrida, pretenciosa, moralina, etc.). Nomás faltó el infrapendejo de Jaime Camil pa´ completar el cuadro. En fin... Perdón por poner esto pero creo que a veces los contrastes clarifican.




Siempre me han acusado de ser un escritor sin sentido del humor. Crash me resulta muy divertida, sólo leer un párrafo en voz alta solía provocarme carcajadas porque, en cierto modo es muy ridículo.


También su autobiografía revela un lado bastante humano, sobre todo para los de mínima imaginación, como una persona cuya obra pareciera producto de alguien bastante dañadito. Primero su forma de entender el nacimiento de sus hijos:

Con el tiempo, Mary quedó embarazada y en septiembre de 1955 nos casamos. La familia de Mary, mis padres y mi hermana y unos cuantos amigos asistieron al oficio religioso que me conmovió profundamente. En cierto sentido, nos estábamos casando los tres: Mary, yo y nuestro futuro hijo. Me tomé la ceremonia demasiado en serio aunque no por motivos religiosos. Mi vida había sido testigo de las guerras y la destrucción... Y ahora, por primera vez, había contribuido a crear algo casi de la nada: una criatura intacta y en crecimiento que vendría al mundo convertido en un ser vivo. La creación a mayor escala estaba teniendo lugar bajo el calor de mi mano.

Y al final, cuando explica el porqué de su autobiografía:

En junio de 2006, después de un año de dolores y molestias que achaqué a la artritis, un especialista me confirmó que padecía un cáncer de próstata de grado avanzado que se había extendido a la columna vertebral y a las costillas.

Jonathan ha sido absolutamente sincero en todo momento y no me ha dejado hacerme ilusiones respecto al final. Sin embargo, me ha animado a llevar una vida lo más normal posible y me apoyó cuando le dije que me gustaría escribir mi autobiografía a principios de 2007. Gracias al doctor Jonathan Waxman encontré la voluntad necesaria para escribir este libro.


Y ya para ir cerrando, unos fragmentos de su introducción a "Crash" -pensaba poner algo de "Compañía de sueños ilimitada" que me parece más torcidita pero bueno- porque, otra vez, dejan clara su postura frente a la literatura y la cultura en general:


El hecho capital del siglo XX es la aparición del concepto de posibilidad ilimitada.
Creo con firmeza que la CF considerada a menudo un mero retoño, es al contrario la principal tradición de una respuesta de la imaginación frente a la ciencia y la tecnología. No parece haber género mejor equipado para explorar este inmenso continente de lo posible.

La característica dominante de la novela moderna es su preocupación por el aislamiento del individuo, la atmósfera de introspección y alineación, un estado mental que se presenta siempre como si fuera la marca distintiva de la consciencia del siglo XX. Nada más cierto. Al contrario, a mi juicio procede totalmente del siglo pasado e ilustra la reacción contra las presiones de la sociedad burguesa parapetada en su autoridad sexual y económica... No obstante, si algo distingue al siglo XX es por cierto el optimismo, la iconografía del producto de masas, la ingenuidad, el gozo libre de culpa de todas las posibilidades de la mente.

Entre los temas que la novela tradicional ha descuidado los más importantes son sin duda, la dinámica de las sociedades humanas y el puesto del hombre en el universo... Yo creía en verdad que si fuera posible borrar del todo la literatura existente, estando obligados a comenzar de nuevo sin ningún conocimiento del pasado, todos los escritores empezarían a producir inevitablemente algo muy semejante a la ciencia ficción.

Vivimos en un mundo gobernado por ficciones de toda índole... La distinción clásica de Freud entre el contenido latente y el contenido manifiesto de los sueños, de lo aparente y lo real, hay que aplicarla hoy al mundo externo de la llamada realidad. Frente a estas realidades ¿Puede el escritor seguir utilizando las técnicas y perspectivas de la novela del siglo XIX, la narrativa lineal, la mesurada cronología, los personajes representativos fastuosamente instalados en un tiempo y espacio amplios? Cada vez es menos necesario que el escritor invente un contenido ficticio. La ficción ya está ahí. La tarea del escritor es inventar la realidad.

Estoy convencido de que en cierto sentido el escritor ya no sabe nada. No hay en él una actitud moral. Al lector sólo puede ofrecerle el contenido de su propia mente... su papel es hoy el del hombre de ciencia enfrentado a un terreno absolutamente desconocido. Todo lo que puede hacer es esbozar varias hipótesis y confrontarlas con los hechos.



Y, ahora sí, ya por último, el consejo de Ballard a quien le interese escribir -que creo que obviamente rebasa a los que buscan escribir-:

Ahora, aquella vieja y trillada pregunta: ¿Tiene algún consejo para darles a los escritores jóvenes?
La advertencia de toda una vida me insta a pronunciar algún grito de advertencia: hagan alguna otra cosa: lleven a dar un paseo al perro de alguien, fúguense con un saxofonista. Tal vez lo que está mal de ser un escritor es que uno ni siquiera puede decir "buena suerte": la suerte no desempeña ningún papel en la escritura de una novela. Nunca hay accidentes felices como puede ocurrir con el pincel o el cincel. Creo que uno no puede decir nada, verdaderamente. Siempre he querido hacer malabarismos y andar en un monociclo pero me atrevería a decir que si alguna vez le pidiera consejos a un acróbata él me diría: "Todo lo que tiene que hacer es subirse y empezar a pedalear".



Fuentes -otra vez-:

  • Linda Kauffman. Malas y perversos. Fantasías en la cultura y el arte contemporáneo. Ed. Cátedra. Frónesis. Universitat de València, España, 2000
  • James G. Ballard. Guía del usuario para el nuevo milenio. Ensayos y reseñas. Ed. Minotauro, España, 2002
  • Hablan los escritores. The Paris Review. Traducción de David rosembaum, Ed. Kairos, España, 1981
  • James G. Ballard. Milagros de vida. Una autobiografía. Ed. Mondadori, México, 2008
  • James G. Ballard. Crash. Minotauro, España, 1980




lunes, 13 de junio de 2011

11.- James Graham Ballard -II-


James Graham Ballard

















Bueno ¿y quién mejor para acompañar a Ballard?



Como la idea es sólo dar un acercamiento MUY general al trabajo de este escritor, divido en 3 apartados algunos de los aspectos que considero más interesantes: su acercamiento a la imagen, su visión sobre la narrativa -y la ciencia ficción más específicamente- y algunos elementos que, entiendo, reflejan un aporte cultural. Intercalo entonces las fuentes de las que estoy partiendo -según color- y espero terminar con algunos fragmentos suyos.



La imagen.

Una de las influencias más "evidentes" en Ballard es el surrealismo, movimiento al que entendía como un retorno a la esencia más íntima de cada uno y del que no puede dejar de considerarse sus 2 raíces más notables: el dadaismo (y su apuesta por la destrucción de los valores de la "civilización") y el simbolismo, donde ciencia y erotismo pueden convivir de manera desenfadada. Así, entre los trabajos más representativos del surrealismo, Ballard ubicaba:









Giorgio de Chirico "Las musas inquietantes". Porque muestra una ansiedad indefinida, una violencia interior en la que los maniquíes son seres humanos de los que se ha borrado todo indicio del tiempo.









Salvador Dalí. "La insistencia de la memoria". Donde el tiempo cronológico ya ha perdido validez. Hasta el embrión, símbolo de crecimiento y posibilidades, está agotado y flojo.












Max Ernst. "El ojo del silencio". En el que los paisajes reales de nuestro mundo se ven como lo que son: palacios de carne y hueso, fachadas vivientes que encierran nuestra propia conciencia.



Para Ballard los surrealistas tienen una relevancia particular en la actualidad, cuando los elementos de ficción se multiplican hasta el punto en que es imposible distinguir entre lo "verdadero" y lo "falso" y estos términos pierden sentido.

Los surrealistas han ejercido una tremenda influencia sobre mí, aunque estrictamente hablando la palabra correcta sería corroboración. Los surrealistas demuestran cómo el mundo puede ser rehecho con la mente.


Obviamente, el surrealismo no es la única influencia pero si la más evidente. Otros artsitas por los que muestra su interés son: el Pop Art, Paul Delvaux, Richard Longo, Phoebe Gloeckner, etc. Dejo sólo este trabajo de Edward Kienholz


Edward Kienholz, El Beanery, 1965
















La literatura.


Si todo género literario puede reflejar la complejidad de la dinámica social (actuando más allá de su presente inmediato y en beneficio de una recreación más cercana de la realidad), la ciencia ficción permite representar de diferentes formas las relaciones del sujeto con su entorno. Así, en este género, a la inocencia positivista de Verne -o heroica tipo Kubrick-, Ballard opone una narrativa marcada por el obstáculo de aferrarse a algo considerado “realidad”: para él, es el desarrollo tecnológico el que terminó por subrayar la impertinencia del pasado otorgando al sujeto un presente abierto a ilimitadas alternativas. Con esto, el espacio exterior deja de ser el punto central de reflexión para abrir paso a una psique marcada por la posibilidad permanente de satisfacciones casi infantiles.

La obra de Ballard muestra entonces un marcado interés por entender el tiempo como reflejo de una crisis que abarca al sujeto que, en un sentido evolutivo, lo obliga a integrarse a la tecnología pero no en los términos optimistas de McLuhan sino con toda su carga neurótica. Así, el supuesto control racional de la tecnología, se ve rebasado por diversos sistemas -el nervioso, por ejemplo- dando paso a un post-humano marcado por lo irracional.

Al mismo tiempo, Ballard entiende que las tradicionales preocupaciones de la novela -moderna- como son el pasado de una personalidad, la inspección de sus raíces y, en el mejor de los casos, el examen de los matices más sutiles del comportamiento social, frecuentemente se dejan de lado las implicaciones tecnológicas. Así, si la ciencia es cada vez más el lenguaje dominante, sería la ciencia ficción el género idóneo para describir hipótesis de las nuevas psicopatologías cotidianas.

Pero la tecnología se revela impotente para permitir al individuo una comunicación completa y termina por ofrecerle la repetición permanente de sus frustraciones.

La única salida coherente para el individuo es entonces la de liberar sus obsesiones: las "racionalmente" placenteras -y socialmente aceptadas, como el alcoholismo o la infidelidad- y aquellas que al brindarle un valor orgánico a dicha tecnología, terminan por sexualizarla. Se aceptan entonces -y con buen ánimo- los vínculos entre pornografía y ciencia.

La realidad entonces termina por volverse demasiado real: a la realidad psíquica -con su no-noción del tiempo y sus deseos conscientes e inconscientes-, se suma la de los medios en la que no importa si se presentan asesinatos de políticos, exterminios de minorías sociales o desastres ecológicos siempre y cuando se siga la lógica del espectáculo tipo Disney. El humor se hace un poco más complejo, más cargado a la ironía.

Para evitar los ahogos de la vida inglesa, me valía de los escritores estadounidenses y europeo, el canon completo de la modernidad clásica: Hemingway, Dos Passos, Kafka, Camus, Joyce y Dostoievsky. Probablemente fue una pérdida de tiempo total. leí demasiado y demasiado pronto, mucho antes de que tuviera ninguna experiencia sobre la vida adulta. Entonces, a los 16 años, conocí a Freud y los surrealistas y una andanada de bombas que cayó delante de mí y destruyó todos los puentes que dudaba en cruzar.

Pero bueno, supongo que ya fue mucho texto así que la seguimos en la próxima, saludos

Fuentes:

  • Linda Kauffman. Malas y perversos. Fantasías en la cultura y el arte contemporáneo. Ed. Cátedra. Frónesis. Universitat de València, España, 2000
  • James G. Ballard. Guía del usuario para el nuevo milenio. Ensayos y reseñas. Ed. Minotauro, España, 2002
  • Hablan los escritores. The Paris Review. Traducción de David rosembaum, Ed. Kairos, España, 1981
  • James G. Ballard. Milagros de vida. Una autobiografía. Ed. Mondadori, México, 2008

jueves, 9 de junio de 2011

10. James Graham Ballard.

"Me siento como Alicia entrevistando al gato de Chesire"
Linda S. Kauffman


Había pensado en algo ciberpunk para "acompañar" pero me quedaba la duda de qué grupo estaría realmente a su nivel -supongo que si hay pero creo que no los he escuchado, je- y luego leyendo una entrevista me dio la razón: ése es un género ya superado, ni modo...

Así que, ¿Qué mejor que un maestro acompañe a otro maestro? Disfrutenlo -lo de que no tenga más imagen que la portada del disco también ayuda, creo-...





Ahora si, vamos con un poco de contexto:

El libro del que estoy partiendo es el de "Malas y perversos" de Linda S. Kauffman (que me ha ayudado bastante para armar mis clases) quien parte de entender la cultura -y estética- contemporánea como una mezcolanza un poco rara entre fenómenos como la pornografía y la ciencia, el cuerpo y la política o la censura y el arte, etc.

Precisamente, de dichas transformaciones resulta que el cuerpo sirve -por ejemplo- para ser entendido como un posible "campo de batalla" a partir del cual cuestionar la cultura y sus diferentes esferas. Se propone así la idea de lo "pos-humano" como una forma en que algunos artistas -o autores- logran trascender algunas nociones clásicas -o modernas- del sujeto pero (y esta es otra constante) generalmente desde una perspectiva cargada de ironía.

Kauffman revisa diversos trabajos -Orlan, Bob Flanagan, David Cronenberg, JG Ballard, Annie Sprinkle, etc.- para entender una "anti-estética" que, sin pretenderse novedosa, obliga a revisar la forma en que se elaboran ciertas narrativas sociales. Entre las áreas que revisa son básicamente 3: cine, literatura y performance entendiéndolas como prácticas cuya ventaja es ejemplificar de manera muy obvia la forma en que toda disciplina se ve obligada a enfrentarse, como parte de toda dinámica social, a cierta posibilidad transgresora o bien de mera asimilación.


Algunas de las constantes que Kauffman señala en estos trabajos son:

  1. La crítica a la mímesis. Y toda esa tradición humanística que privilegia los estilos clásicos al grado de entenderlos como los únicos validos o correctos.
  2. Su conciencia transgresora cargada de ironía. Una de los fuertes de los ensayos son su carga teórica: lo mismo abordan los trabajos desde la teoría semiótica que desde el psicoanálisis, el marxismo, etc. A lo que se suma una carga literaria -y de cultura popular- bastante clara.
  3. Su rechazo a la idea de "el arte por el arte". Si bien estos trabajos cuestionan los planteamientos modernos, lo hacen -como dijera Lyotard- desde una necesidad moderna: rechazan la idea burguesa del arte como "libre expresión del individuo".
  4. No cuestionan la verdad, sino su control político. Es decir, más que asumir alguna postura política -la tradicional y rebasada izquierda, por ejemplo-, plantean un cuestionamiento a los mecanismos en que dicha verdad -mediática, médica, etc.- funciona.
  5. La disolución de la división tradicional de las esferas sociales -una Alta cultura y una baja-. Dada la evidente complejidad del actual entorno, resulta inocente suponer que, por ejemplo, una pintura o una obra de teatro son, por su propia naturaleza, de mayor complejidad que los productos más "populares" -como un comic o una función de lucha libre-.
  6. La necesidad de distinguir entre una posmodernidad política y un posmodernismo kitsch. Y bueno, esto es parte de mi clase: la necesidad de que ahora el receptor de la cultura participe en esta como parte de un proyecto político moderno, contrario al mero consumo cultural que, entre otros resultados, homogeniza fenómenos marcadamente políticos -como una guerra- con el espectáculo -como puede ser el tomarse la foto donde "puedo simular que soy un minero, un indígena en tiempos de conquista, etc.-
Bueno, y aunque traté de ser breve, -lo juro- creo que, en términos generales eso sirve de introducción al libro pero creo que ya me extendí y apenas vamos a empezar a centrarnos en Ballard... Creo que como introducción aquí podemos dejarla y el siguiente texto, ahora si, platicarlo más a detalle... Pero pa´ que no digan ahí les dejo esta entrevista pa´l que le interese...




Saludos

viernes, 3 de junio de 2011

9.- Empezar de nuevo...

"La vida moderna es complicada y relativa; éstas son sus dos principales características. Para poder interpretar la primera de ellas se requiere el medio, con sus delicados matices, bosquejos y perspectivas inesperadas; la segunda requiere, en cambio, alejamiento. Esto es lo que hace que la escultura haya dejado de ser para nosotros el arte representativo siéndolo sí, la música y que también lo haya sido, y continúe siéndolo, en el más alto grado, la literatura."

Oscar Wilde. De profundis


Algunas cosas...

1) Luego de que mi lap tuvo a bien tomarse unas vacaciones -bien merecidas, hay que decirlo- y de algunos raspones alrededor este proyecto -con todo, creo que leves-, me quedaba la duda de seguir adelante con esto -total, un trabajo invisible más-...

A lo que se sumó el que...

2) Si bien pensé éste trabajo como un aprender a usar la herramienta (y, de paso, como apoyo -mínimo- a alguien), que me lleguen colegas que hasta pa´ ser carroñeros son pendejos -filisteos, en términos de Nabokov- termina por volverlo un poco molesto: puedo regalar lo poco que sé pero ya resolverles una parte de su supervivencia a acólitos de la comunicometo-no-sé-qué-mamadas pu´s ya me da güeva. Mejor un consejo: existen bibliotecas compitas.

Pero la idea del blog me agradó y, como sabiamente lo dijo Pituco,: "sabemos que son los riesgos de la profesión y ya no nos hacemos más problemas, seguimos... habrá reposteria, algunos y cosas nuevas. No pensamos retroceder como decia un gallego amigo " para atras ni para tomar impulso..".

Así que...

a) Una disculpa a la idea de subir textos un par de veces a la semana -que tampoco han sido tantos- y que, como buena introducción, permiten que:

b) Demos un giro a la temática del blog: hagámoslo de un tema infínitamente más interesante que la semiótica: una de las formas más bonitas de la cultura/estética/política/etc.: la literatura.

Así que, 2 ejemplos de este reinicio:

El primero: La imagen, y pa´ celebrar quien mejor que los Animal Collective... Sigo preguntándome si existe alguien a quien pueda no gustarles -y sé que Fireworks es mejor para celebrar pero este video me gusta-... Y sigo contestándome que sólo a los pendejos...



Segundo: Las citas, ¿qué digo? cualquier argumento puede sonar cursi, pretencioso, etc... Y lo malo es que si, son un reflejo de lo cursi y pretencioso que soy....

Tercero: Empezaremos con un género que me inspira mucha nostalgia -¿qué hago, soy un romántico?-: la ciencia ficción y uno de mis escritores preferidos: James Graham Ballard.


Saludos chikitines...
Aarón Pedraza